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martes, 28 de octubre de 2008

GUAYAQUIL, SEGÚN BOHÓRQUEZ

 Espacio Vacío, una bodega que sirve periódicamente para hacer exhibiciones de arte por una noche y que ojalá conserve ese carácter subterráneo, consagró una de ellas a una parte de la obra que, en proceso, lleva adelante el fotógrafo Ricardo Bohórquez para evidenciar las facetas que escapan a la versión vacua y homogénea que construye el discurso oficial de los dueños de la imagen de la ciudad postal.  Su mirada viene precedida por intereses arquitectónicos:  de hecho, las fachadas posteriores de los edificios del centro “regenerado” constituyen el grueso de esta muestra.  Son ese tipo de espacios los que condensan el valor de lo que puede leerse también como ruinas:  los que más vemos por su prominencia y los que, por suerte, han sido menos colonizados visualmente por las propagandas publicitarias a la vez que homogenizados por las disposiciones que obedecen a asépticas nociones de ornato.  Estos edificios hablan, por tanto, de una época precisa.  Tomados de manera fragmentaria, a veces apenas dibujan una línea que fractura los horizontes planos.  Asombra la limpieza de estas paredes, exacerbada por el alto contraste del blanco y negro elegido para algunas de estas impresiones, quizás como una parodia al control del espacio establecido en estas últimas décadas en la ciudad, de aquél que califica de vandálica cualquier forma de apropiación de lo que resta de lo público. 
El poder de la mirada de Bohórquez radica precisamente en la locación seleccionada para esta serie:  allí, en el corazón del centro intervenido, la fotografía reinstaura la posibilidad de recorridos contraturísticos resultantes del cotidiano escrutinio de las múltiples caras del devenir del espacio.  Un parqueadero, en su llamativa vaciedad de fin de semana, por ejemplo, hace pensar en los procesos de negligencia institucional que condenaron a la conversión de edificios históricos en formas ágiles de renta inmobiliaria.  La convicción de Bohórquez --quien guarda el mérito de haber sido recientemente incluido en la magnífica antología No Sabe, No Contesta con su celebrada, aunque solamente en círculos íntimos, serie sobre la capacidad de invención de los vendedores informales en la calle Panamá—genera un legado que se va moviendo gradualmente del registro documental hacia una antropología del espacio:  físico, mental, crítico, Otros Guayaquiles, sobre lo que deviene oculto gracias a las monolíticas prácticas visuales dominantes.

X. Andrade

http://www.experimentosculturales.com/full-dollar/home.html
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