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viernes, 17 de abril de 2009

Alchólico

Otra noche en Guayaquil, otra oportunidad para beber a bajo costo. El vaivén del ventarrón nocturno encuentra un aliado en el vaivén de los vasos cerveceros, de mano en mano y de boca en boca, afectando la estabilidad física y emocional un sorbo a la vez.
Todavía íntegro, me desplazo a Espacio Vacio para revisar la muestra que nos corresponde: Poncho Franco y el Cholismo. El aterrizaje a altas horas no me permite ver algunas piezas de la muestra (¿las más cholas?) pues han pasado a mejor vida gracias a (s)ávidos postores. Así y todo, junto a varias damitas elegantes y caballeros galantes, alcanzo a disfrutar de una serie de joyas de fantasía: ¡la televisión decorada con tazas rosadas de plástico! ¡el medidor de electricidad con un collar de piñata colgándole! ¡las cortinas adornadas con flores falsas! ¡el autoretrato de terno y chancleta dentro de un marco donde también se encuentra un título de bachiller! ¡la funda de agua! ¡la bicicleta! ¡la llanta!

Incontables referencias al guatallarín (guatita+tallarín+plastico termoformado color rosado) en las paredes de la galería (garabateadas à la baño de colegio fiscal por los visitantes) motivaron a pensar por un momento en una posible falla de promoción: ¿será que la gente pensó que esto era un evento promocional para la nueva temporada de El Cholito?
Otros cuestionamientos, sensiblemente menos trastornados, fueron escuchados en el transcurso de la noche. Los que aún registro:
Una cineasta amateur: ¿donde esta el sofá cubierto de plástico?
Una gringa de paso: ¿así son las puertas de entrada en los pueblitos?
Un extranjero radicado acá: ¿es esto una galería o un minimarket abandonado?
Un delincuente: oye tú! ¿tienes tiempo para un cholo?

El vaivén del ventarrón siguió afuera y el de la muestra, adentro. Un bamboleo de piezas que podías llevar a casa desde $5, sin garante y sin cédula. Un conjunto que, al final, se quedó corto en su representación de un término sin término, sin final; un algo que es al mismo tiempo un concepto, una etnia, un prejuicio, un epíteto, un halago...

Antes de salir a buscar la (propia) chancleta, doy con la perla de la muestra. Una frase con fea letra, probablemente ya afectada por la hora y las botellas que, sin embargo, articulaba en 4 palabras todo lo que infructuosamente traté de explicar aquí: esfuérzate para la próxima. 
por:
alcoholicocatolico@gmail.com
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