Cuenca, conocida como
la capital cultural en el Ecuador, aparenta tener un diálogo constante con el
arte. De hecho ese diálogo existe entre el arte
decorativo-religioso-popular-artesanal y la ciudad. El arte contemporáneo si
bien tiene espacios de exhibición, estos son, al igual que en Guayaquil, limitados y de difícil acceso al público. De cierta manera permanecen ocultos a
la ciudad.
Juanpablo Ordóñez dice
de la arquitectura cuencana: mantiene proporciones humanas.
Cuenca tiene un sentido de la estética particular, se lo reconoce tanto en su arquitectura como en las tiendas de abarrotes, pasando por ferreterías, boutiques y atuendo de la gente. Pero la reflexión de Juanpablo sobre la arquitectura es más acertada. Cuenca mantiene una proporción humana en todos los aspectos, incluso en el tiempo que transcurre, en no alterar las capacidades humanas de trabajar, descansar y recrear, ninguna de estas actividades sucede con excesos, se mantienen proporcionalmente ocupando su tiempo y espacio necesario.
Cuenca tiene un sentido de la estética particular, se lo reconoce tanto en su arquitectura como en las tiendas de abarrotes, pasando por ferreterías, boutiques y atuendo de la gente. Pero la reflexión de Juanpablo sobre la arquitectura es más acertada. Cuenca mantiene una proporción humana en todos los aspectos, incluso en el tiempo que transcurre, en no alterar las capacidades humanas de trabajar, descansar y recrear, ninguna de estas actividades sucede con excesos, se mantienen proporcionalmente ocupando su tiempo y espacio necesario.
A Espacio Vacío no le bastaba con
encontrar un espacio no tradicional, tampoco un espacio abierto a la calle
(como sucede en Guayaquil), eso no tendría mucho sentido en Cuenca, hubiera
irrumpido el orden, la proporción, la estética, con resultados poco necesarios. Patricio Palomeque nos
propuso El Túnel, un espacio de transición, un recorrido de la calle a la
imprenta de la Casa de la Cultura, pasando por debajo del Teatro con la entrada del lado izquierdo del mismo. En el lado opuesto está la
entrada a Procesos, galería de arte contemporáneo, ubicada en el 3er piso sin
ascensor.
El Túnel establece un diálogo formal entre el arte y la ciudad evidenciando lo oculto del arte en Cuenca, forma parte de un edificio institucional dedicado a la cultura que se encuentra ubicado en contraposición a la galería de arte contemporáneo más importante de la ciudad.
El Túnel establece un diálogo formal entre el arte y la ciudad evidenciando lo oculto del arte en Cuenca, forma parte de un edificio institucional dedicado a la cultura que se encuentra ubicado en contraposición a la galería de arte contemporáneo más importante de la ciudad.
¿Si el arte contemporáneo, como los demás, no está al pie de la calle en esta ciudad, dónde está? ¿Hay
artistas contemporáneos en Cuenca? Si, hay muchos. Algunos emigrados al igual que
muchos cuencanos, otros, trabajando desde las trincheras, en espacios no
reconocidos, preocupados por llevar su arte más allá de los museos, galerías y
circuitos, y, por tanto, invisibilizados por los medio tradicionales-comerciales del arte. Como en Guayaquil, también hay estudiantes de arte produciendo un trabajo muy personal y actual.
En ellos existe una preocupación por la ciudad/sociedad - personas/habitantes.
Esa preocupación en jóvenes y artistas con experiencia, va mas allá de una crítica
político/socia.Se despoja de diálogos infantiles/especializados/teóricos,
encuentra un desfogue en la estética y la proporción humana, lenguaje que puede
ser comprendido más allá de libros leídos, lenguajes complejos y otras teorías
posmodernas/vanguardistas/contemporáneas que, en resumidas cuentas, hace rato que están
passé.
Las fotografías de Guayaquil de Ricardo Bohórquez dialogan con esos espacios ocultos, con la otra cara de
una ciudad que se esfuerza por convertirse en hermosa (según criterios
importados), olvidándose de sus proporciones, de su ritmo implacable, de su
identidad caótica, dejando a su paso espacios estériles, no particulares que, despojados de identidad y sin gritar, evidencian los vacíos de una regeneración
urbana con estética importada.
Valentina Brevi