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jueves, 23 de agosto de 2012

Proyectos de Diseño Arquitectónico de la Facultad de Arquitectura de la UEES

                                                                                                                   Martha Gómez

DISEÑO ARQUITECTÓNICO I, III, V, VII, IX.

Exhibición de los trabajos realizados en el periodo abril-agosto 2012 por los estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la UEES


Jueves 23 de Agosto 2012
20h00 a 23h00
Espacio Vacío, galería de arte en construcción

lunes, 6 de agosto de 2012

¡A criticar a criticar que el mundo no se va a acabar!


Invitación a criticar

No puedo evitar cuestionarme si Michael Phelps hubiera sido capaz de lograr sus medallas sin el ojo critico de su entrenador. Para quienes no sepan quien es Phelps, acaba de ganar su medalla Olímpica numero 22 de las cuales 18 son de oro. Imagino sus entrenamientos, probablemente como los de muchos deportistas, un entrenador gritando constantemente, exigiendo cada vez más y el deportista cansado, al limite de su capacidad, logra mejorar su rendimiento porque ese que le grita y le exige mejorar cree que es posible dar más.

La crítica es ese entrenador que nos ayuda a ver lo que nosotros desde donde estamos trabajando/creando/aprendiendo nos es imposible ver. Debería ser ese espejo que con claridad y sustento nos obliga a reflexionar sobre nuestros resultados y nos permite subir el limite de nuestras expectativas.

La peor crítica es la que no se hace, la hipócrita o la que dice tan solo: que bonito! ¿Que puede aprender uno si la respuesta a su trabajo es: bonito/feo/agradable?  Esas palabras no significan nada si no llevan tras si una descripción, un por qué. Los críticos de profesión lo saben y aunque su tarea es compleja, en la sustentación, descripción y capacidad educativa de su crítica radica la posibilidad de aprendizaje tanto del objeto criticado como de la comunidad lectora de la crítica. 

La crítica es sobre un objeto y no sobre un sujeto, por ejemplo en el teatro se habla de la actuación mas no del actor. La actuación es el trabajo que puede ser perfectible como lo es también una pintura o un escrito. Se diferencian del sujeto creador, aunque a este le afecte igual. El sujeto creador, como el deportista, debería querer romper su propio record, llegar a la perfección, alejarse de la mediocridad. Primer paso para lograrlo: aprender a recibir una crítica, trabajar con ella y superarla.

En espaciovacio.net se pueden criticar muchas cosas: su diseño, la existencia del espacio, los eventos realizados, el contenido de los eventos, etc. Aquí se publican todos los comentarios recibidos (excepto spam, razón por la que si hay un filtro, lo siento) Siempre estamos ávidos de información que nos ayude a crecer. He invitado a Carlos Icaza Estrada a disertar sobre la importancia de la crítica. Espero sirva de carta abierta, invitación formal a criticar. ¡Aquí en Espacio Vacío queremos sus criticas!

Valentina Brevi
Agosto 3, 2012



Sobre la crítica

El solo hecho de observar o escuchar una obra de cualquiera de las artes, sin importar si se presenta en una sala de exhibiciones, una sala de conciertos o un teatro, implica una actitud crítica hacia ella. Por más que queramos suprimir nuestro juicio por evitar herir a un artista cercano a nosotros, si su trabajo no nos gusta, nuestra conciencia nos lo recordará y si no sabemos esconderlo, este conflicto pasará a ser público.

Las facultades críticas están presentes en todos nosotros, y las usamos a diario por ejemplo cuando nos quejamos del mal diseño de un edificio o la funcionalidad de algún artefacto. El hecho de que ahora no podamos discutir lo malo y lo bueno de una cerradura con el artesano que la fabricó, de lo que se quejaba Jean Renoir a propósito de la cultura del consumo masivo, no ha hecho desaparecer nuestra habilidad para apreciar lo bueno y reconocer lo malo. Lo que pasa es que pocos entre nosotros estamos realmente interesados en conocer y apreciar las artes. Muchos se asustan al ver el vocabulario utilizado por los críticos, pero excepto en el caso de los posmodernistas más exclusivistas, este lenguaje es bien concreto: en la mayoría de los casos fácilmente se puede explicar con una foto o grabación de la obra en cuestión. En eso, el lenguaje se podría decir que es bien técnico, bien preciso, como el de las ciencias exactas.

Por ejemplo, a pesar de que pasamos horas a diario escuchando música, por falta de curiosidad a la mayoría le cuesta comprender el vocabulario básico de la música. Suena altamente especializado, tan complejo como la física, y encima de eso, como está asociado con algo (la música académica) que paga relativamente mal, empieza a asemejarse a una ciencia oculta. Pero esto esconde la realidad de que los fundamentos de la música popular y académica son los mismos, y por lo tanto el mismo lenguaje que se utiliza para criticar una interpretación de Mozart es igualmente apropiado para una presentación de Lady Gaga (o de los Beatles, como alguno vez hizo Glenn Gould).

Así pues no resulta sorprendente que en sociedades como la nuestra, sin un mundo cultural extenso y variado, donde la enseñanza de las artes es limitada tanto en cantidad como en calidad, se formen grupos que abusen de la resultante ignorancia y hagan de la sala de exhibiciones y de conciertos una catedral, nombrándose a si mismos sus sacerdotes. Y, al igual que ha sucedido con organizaciones religiosas alrededor del mundo, esta sacralización termina convirtiéndose en un gigantesco velo detrás del cual se esconde la mediocridad y el oportunismo del burócrata. Convirtiendo el lenguaje especializado de su arte en los conjuros del mago, estos sacerdotes del arte dejan al público estupefacto y reacio a cuestionar. Así pues el proverbial emperador puede caminar entre su pueblo completamente desnudo sin que nadie haga público lo absurdamente obvio.

Pero cuando alguien lo intenta la respuesta no puede ser sino brutal. En esta era de medios masivos, el artista mediocre encuentra fácil desarrollar su identidad al ver su imagen como artista reproducida miles - si no millones - de veces en papel y pantalla con poca inversión en trabajo valioso, sobre todo en un entorno como el nuestro, con limitada oferta cultural. Consecuentemente, su ego se infla como un globo, volviéndose extremadamente sensible a cualquier crítica. Sobre todo cuando está en juego su propio sustento.

Sin embargo, el dolor que la crítica puede causar al artista mediocre deja de causarnos lástima si somos conscientes de la penuria que han enfrentado innumerables creadores de incuestionable valor durante toda la historia, muchos de los cuales tenían ideales tan exigentes que fueron capaces de ordenar destruir lo que la posteridad consideró obras maestras. Su sensibilidad a la crítica era magnificada exponencialmente cuando se trataba de enfrentarla en vivo, en el escenario, como es el caso de los creadores e intérpretes de música y teatro. ¿Por que hacerles su vida y trabajo más difícil de lo que ya es permitiendo que el mediocre monopolice la atención del público? Los sacerdotes del escenario responderían que los abucheos no están permitidos en su templo.

Pero ni siquiera en la vieja y refinada Europa es así. En el Teatro alla Scala de Milán, considerado la catedral de la ópera, los más burdos y bulliciosos abucheos son comunes, y los que los lanzan hace ya mucho tiempo tienen su nombre: loggionisti, en referencia a los palcos altos (los más baratos) donde se encuentran. Desde allí han abucheado a María Callas (que los miraba fijamente hasta que se callaban), a Pavarotti, y al conocido tenor Roberto Allagna, al que virtualmente obligaron a salir del escenario. Poco después de la inauguración de la ópera de la ciudad de Viena en la década de 1950, después de abuchear insistentemente al tenor Rudolf Lustig cuando su voz empezó a decaer durante una obra de Wagner, un grupo de iracundos loggionisti austriacos lo sorprendió saliendo por la puerta de los artistas y lo persiguió por las calles, gritándole improperios hasta que el pobre tenor se refugió dentro de un café. Incluso en Inglaterra, donde el público es más educado, no es raro escuchar el abucheo de cantantes a los que les falla la voz.

Lo mismo no se puede decir del arte y la música académica contemporáneas, que en gran parte se ha desconectado del público en general, a veces incluso por intención de los mismos artistas. Aquí entra otra función del crítico: la de presentar, de hacer accesible, lo que parece construido como un misterioso rito de las artes ocultas. Y esta función, en el contexto del notable hermetismo que rodea cualquier intento de interpretar muchas obras contemporáneas, obliga al crítico a tomar partido: o se pone del lado del artista, o lo cuestiona adoptando la perspectiva del público. Lo último no implica un populismo amarillista, demagógico, que intenta acabar con cualquier pensamiento con ideales más altos que los egoístas y calculadores que demanda el mercado. Es más: el crítico puede, desde la posición de un modernista, cuestionar si la pose rebelde de un artista contemporáneo es realmente revolucionaria, o nada más que la pose de otro adicto a la imagen, de otro figureti.

Aquí pues nos hacemos conscientes de uno de los peores errores que puede cometer un crítico: responder al arte innovador o peor, revolucionario, con un esnobismo que tarde o temprano termina convirtiéndose en reaccionario, no solo en lo artístico sino incluso en lo político. Porque lastimosamente los abucheos no solo fueron la respuesta al artista mediocre o las fallas o debilidad momentáneas que aquejan incluso al virtuoso o maestro, sino también a lo que rompe los esquemas tradicionales. Uno de los casos más conocidos fue el del ballet le Sacre du Printemps (La Consagración de la Primavera) de Stravinsky, cuyo estreno en 1913 dio lugar a disturbios que ni la policía logró controlar dentro y fuera de la sala. Son los casos en que los autoproclamados sacerdotes del arte gozan del apoyo de la mayoría, pero también en los que el crítico puede demostrar lo que al final diferencia al mero virtuoso del maestro: el criterio, el buen juicio.

Carlos Icaza Estrada
Agosto 2012

domingo, 5 de agosto de 2012

Canchisripi Huiñachinamanta, La Semana de la Creación. Juan Alberto García B.


Anamorfosis de poema bíblico transcrito al Quichua q invita a caminar por, entre y sobre ella para vivir una experiencia propia
Juan Alberto García B.

Guayaquileño de 33, que vivió en Quito. La mayor parte de su vida ha trabajado como diseñador gráfico como freelance y en algunas agencias. Actualmente labora en Guayaquil, en una editorial y está a cargo de dos revistas. Estudiante del ITAE. Artista emergente. Su rango de trabajos van de las esculturas a las instalaciones.

Jueves 9 de Agosto 2012
20h00 a 23h00
Espacio Vacío, galería de arte en construcción
Panamá 202 y Juan Montalvo
Guayaquil, Ecuador